DOS CHICAS DE SHANGAI


“DOS CHICAS DE SHANGAI”, de LISA LEE
Esta novela, que a buen seguro disfrutará de un razonable éxito de ventas, nos obliga a plantearnos cuestiones elementales relacionadas con la escritura y la literatura de kiosko, de consumo inmediato, como es el caso: enmarcada en el género de la novela histórica, que parece haberse convertido en el único género literario posible, y que ocupa, junto con una especie de crónica de costumbres contemporáneas más o menos manipulada, la gran mayoría de obras, “Dos Chicas de Shanghai” apenas se molesta en dotar de estructura novelesca a lo que no es más que una descripción de costumbres, cuanto más pintorescas mejor parece ser la norma, de la sociedad china, algo que la autora ya practicó hasta la extenuación en “El Abanico de Seda”, aquella agotadora descripción de la sociedad china en otra época y de los diferentes lenguajes del abanico.
En este caso, Lisa Lee nos traslada al Shangai de 1937, una ciudad en la que conviven millonarios, gángsters, mendigos y artistas procedentes de todos los países y continentes, que se enfrentan y adaptan a los ritos y costumbres de la sociedad china, sometida ella misma a un proceso acelerado de cambio que poco después se verá bruscamente alterado por el inicio de la segunda guerra mundial. Es el Shangai de esos años un espacio de contrastes que resulta atractivo para la literatura y el cine, y así a bote pronto recuerdo una magnífica novela reciente de Ángel Wagenstein, “Adiós, Shangai”, ambientada en el mismo escenario y en esta misma época y en mi opinión muy superior a la que nos ocupa.
Las protagonistas de “Dos Chicas de Shangai”, son eso, dos chicas de Shangai, las hermanas Pearl y May Chin. Siguiendo los cauces esperables- y ese es uno de los rasgos más cansinos de este y de cualquier libro, la previsibilidad, sobre todo si no va acompañada de ningún tipo de innovación formal o técnica, las hermanas son muy distintas- se diría que opuestas- entre sí. Criadas en una familia que intenta inculcarles los valores tradicionales chinos (y la autora se ocupa de irnos detallando esos valores de manera exhaustiva), Pearl y May reflejan de alguna manera el carácter vanguardista de su ciudad, e intentan vivir únicamente asimilando todos los cambios que proceden de Occidente. Ya sea en el vestuario, en sus relaciones con los demás, o incluso en su novedosa dedicación a la pintura y la fotografía publicitarias como modelos, las hermanas representan a las nuevas generaciones que reflejan el cambio del país y la adaptación a los usos occidentales.
El estallido de la guerra, los bombardeos de los japoneses y un brusco revés en la fortuna familiar llevarán a nuestras protagonistas a California, en donde se desarrollan una serie de situaciones que pondrán a prueba la unidad de sus hermanas, y que evitaré resumir, por no revelar el desarrollo final de la historia y porque su previsibilidad es tan grande que no lo hace necesario.
“Dos Chicas de Shangai”-insisto- es un libro que detrás de cierto ropaje pretencioso esconde muy poca cosa: apenas una historia que se quiere cosmopolita, una descripción de costumbres más propia de un suplemento dominical o de un programa de esos de reportajes, y -lo que es más grave- unos personajes planos y esquemáticos y un uso de la voz narrativa que da a entender una especie de nula consideración del lector: Lisa Lee introduce constantemente comentarios explicando la propia trama o las costumbres chinas que además de interrumpir el hilo de la narración, parecen tomar por tontos a los lectores: “Nos calzamos zapatos de tacón rojo y nos pintamos los labios de rojo, a juego”(esto lo dice la escritora por si uno no se enteró, lo del “a juego”) y sigue, “Hace poco nos cortamos la melena y nos hicimos la permanente. May me hace la raya al medio y me recoge los rizos detrás de las orejas, donde se acumulan formando una especie de ramillete de peonías de pétalos negros (¡¡¡). Luego yo la peino a ella y dejo que sus rizos enmarquen su cara. Para completar nuestro atuendo, nos ponemos pendientes de lágrimas de cristal rosado, anillos de jade y brazaletes de oro”. El párrafo continúa y por si no era suficiente tal alarde, concluye: “Nos quedamos así un momento, asimilando lo guapas que estamos”. Bueno, pues así todo el libro.
TOMÁS RUIBAL
ruibaldo@hotmail.com

3 comentarios:

Rocío dijo...

Lo tendré que leer a ver qué tal!
Un saludo ;)

madelen dijo...

Completamente de acuerdo, aunque la finalizaré esa es la impresión .

Anónimo dijo...

Que pena que no le haya gustado el libro, a mi me gustó, quizás con estos detalles la escritora nos quería mostrar el nivel de superficialidad en el que vivían estas chicas, sin enterarse de lo ocurría a su alrededor, este aspecto de su personalidad no evoluciona en toda su existencia, al final de libro vemos como Pearl se da cuenta que ha perdido toda su vida añorando el pasado sin apreciar la maravilla de vivir en los Ángeles, y May continúa siendo tan superficial y frívola como cuando tenía 18 años.
Un saludo
Zoraida MAdriz Ponce

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